Armas de destrucción masiva laboral

Hay dos grandes frases en el mundo laboral, convertidas ya en meme, sino incluso en lemas pseudoreligiosos. Veamos la primera obra de arte:
Esto no es mío.

Grande. Sublime. Insuperable. En sus dos acepciones: a) mío, como algo particular. b) o bien como de mi sección, departamento y, por ende, ajeno a mi responsabilidad.

Pero algunas veces el uso de esta frase se enfrenta a contrahechizos de magos de primer nivel. Amigos, no perdamos la calma. El currante avezado, preparado ante tal eventualidad, tiene en su manga un as de tal calibre que ni todos los poderes de Harry Potter pueden contrarrestarlo. La segunda frase de poder es:
Eso siempre se ha hecho así.

Claro que mi amiga Montse me recordó el otro día otra muy buena, que no recordaba:
A mí no me pagan por pensar.

Ole, ole y ole. Ante esto, ¿qué? Probad a superadlo si podéis.

(Banda sonora: Girl From The BBC - Official Secrets Act)

¿Cortesía?

Estoy sacando dinero del cajero y oigo renegar a mi espalda. No me sorprende. Últimamente estoy muy protestón, incluso demasiado para mi gusto. Un hombre se queja a su acompañante porque ha aguantado la pesada puerta de la entrada para dejar entrar o salir a alguien (todavía no veo de espaldas) y el susodicho ha pasado como una exhalación sin molestarse en dar las gracias.

He sentido simpatía por el tipo. Yo he hecho lo mismo. También he cedido el paso en puertas varias, ascensores y otras variadas muestras de urbanidad, no me atrevo a llamarlo cortesía. Ni que decir tiene que también he saludado sin recibir la menor respuesta. No siempre es así, pero visto el éxito mayoritario de esas conductas cívicas uno se pregunta si merece la pensa seguir comportándose amablemente.

Ya, si todos dejamos de hacerlo entramos en la ley de la selva. Pero, ¿por qué tenemos que seguir poniendo la otra mejilla unos cuantos? Porque no solo no te lo agradecen, encima parece que eres tonto. Cuando oigo rugir sobre el tema de la educación siempre recuerdo estos ejemplos. ¿Cómo podemos esperar educación, respeto y buenos modales cuando los mayores somos los primeros cafres, damos tan mal ejemplo a nuestros hijos? Joé, que la culpa no es del colegio, es nuestra, a ver si nos enteramos de una puñetera vez.

Otro ejemplo. Un crío de Infantil sacude un palazo (pala de plástico, no de la construcción) a otro en el patio. Resultado: varios puntos en la nariz de la víctima. Dice que fue un accidente al tirar la pala al aire, otros niños testigos dicen que le arreó a sabiendas. El cole se lava las manos. Consecuencias: al día siguiente el padre del "agresor" le dice a la madre de la "agredida"que esta vez le ha tocado a ella, que se joda. Literalmente. Alucinante. Sin comentarios.

Luego nos extrañamos de la indisciplina escolar, de los chavales salvajes, de los casos de violencia juvenil. Entre lo que nos ven hacer a los mayores y nuestra permisividad para con sus desmanes, qué esperamos. Recogemos lo que hemos sembrado.

(Banda sonora: Que tinguem sort - Dani Flaco)

Cumbres borrascosas

Mi neurona tiene una peculiar forma de establecer conexiones. Estaba tan ricamente en el sofá viendo "1408", una peli de terror, y en una determinada escena saltó el maldito flashback neuronal. John Cusack, el prota, es un escritor que tras una prometedora primera novela se decanta por escribir funcionales libros de misterio tras sufrir una desgracia personal.

Tiene una presentación de su última obra en una librería. Acude al mostrador. El dependiente no sabe quién es, apenas recordaba lo de la presentación. En la sala hay unos 4 espectadores. Le preguntan las frikadas de rigor, que el escritor responde con desapego y cierta ironía (que los frikis parecen no captar). Al final, en la firma de ejemplares, la última chica le pregunta sobre la relación entre padre e hijo descrita en aquella brillante primera novela. Él se escapa por los cerros de Úbeda, se nota que le afecta la cuestión, máxime cuando la chica le insiste en los motivos por los que no siguió la senda literaria iniciada en aquella novela.

Entonces me recordé a mí de joven, cuando realmente ambicionaba un determinado futuro profesional. Entonces el trabajo era muy importante para mí. Aspiraba a ciertas metas. Pero ciertos desengaños me hicieron abrir los ojos. Perseguía un espejismo o, peor, una no-vida. Descubrí la verdad que guarda el tópico de trabajar para vivir, pero no al revés. Vi que para alcanzar lo que me había propuesto debería realizar una serie de sacrificios, pagar un precio alto. Decidí que no me compensaba. Asumí que no tenía estómago para tragar con según que. Con el tiempo he comprobado lo acertado de mi decisión. Ahora vivo más relajado (y más pobre).

A veces las cumbres pueden resultar muy frías, inhóspitas, desagradables. A cambio gozas de unas bonitas vistas. Pero cada uno debe seguir su propio camino y asumir las consecuencias.

(Banda sonora: Bloodsport - Official Secrets Act)

Los juegos del hambre

La vida es chunga. Catnip es una adolescente que debe cuidar de su madre y su hermana pequeña. Por eso se arriesga a que la capturen como cazadora furtiva con su amigo Gale. La -relativa- tranquilidad termina cuando llegan a la ciudad los emisarios del Capitolio, el gobierno dictatorial de los 12 distritos. Hay que elegir a los dos candidatos, chico y chica, que representarán a este distrito en los septuagésimocuartos juegos del hambre. Hambre, sí, porque cada distrito está especializado en un aspecto productivo, y lo que los une a todos son el hambre y las privaciones que sufren para que el Capitolio goce de todo tipo de lujos y prebendas. Cuando sale el nombre de su hermana pequeña, Catnip decidí salir por ella. Tal vez tenga una oportunidad, algo que no tendría una cría de doce años.


Ella y el otro chico elegido, deberán viajar al Capitolio para participar en los Juegos. Viajarán con ellos un hombre, el único ganador que ha tenido su distrito, y una mujer, una especie de relaciones públicas, ambos con el objetivo de prepararlos para lo que les espera y conseguirles patrocinadores que les apoyen durante los juegos, el espectáculo televisivo del año, algo que -quieran o no- deben ver todos los ciudadanos. A partir de ahí comenzará una lucha a muerte entre los veinticuatro participantes. Solo puede ganar. El que gane dejará la miseria para siempre para convertirse en alguien rico y famoso. Pero ella es una rebelde y no está dispuesta a plegarse por el sistema.

El argumento en sí es todo menos novedoso. Varias películas ("Battle Royale", por ejemplo) y alguna novela ya tocan el argumento de todos contra todos, y el que quede se lo queda todo. Es más, el final lo podemos predecir. Entonces, ¿qué gracia tiene esta novela? Porque tenerla, la tiene. Pues la descripción del mundo surgido tras una hecatombe, un poco y salvando las distancias, con la serie "Jericho", en el que tras un atentando nuclear el establishment crea una dictadura con apariencia de democracia y cambia las reglas del juego. Y, sobre todo, atrae lo que se intuye, o más bien, sus implicaciones, máxime cuando sabemos que ésta es la primera de una serie de tres novelas. Además, Suzanne Collins, sabiendo que nos imaginamos cuál es el destino final de la protagonista, le da al asunto un par de vueltas de tuerca que consiguen sorprender.

Sí, es una novela juvenil, pero no por ello deja de ser recomendable su lectura.


Los juegos del hambre; Suzanne Collins; Molino; 2009; traducción de Pilar Ramírez Tello; 396 páginas.

(Banda sonora: Skeleton Boy - Friendly Fires)

Autoayuda o los vendedores de humo

No puedo más. Si me sigo mordiendo la lengua, me enveneno. La contraportada de El Periódico se dedica a entrevistas. Antes dedicaban una semanal al menos a rollos de autoayuda, de la mano de Gaspar Hernández, creo que periodista. Ahora, supongo que debido a que la gente busca más "respuestas" debido a la crisis, la han pasado al suplemento dominical. Es decir, la paparrucha y quien le da pábulo reciben un ascenso.

Siempre me pareció una excentricidad en un diario presuntamente serio. Hasta que un día el mago Gaspar se sacó de la chistera a un hombre (un yogui o un rollo parecido) que afirmaba que no comía desde hacía no sé cuántas décadas: se alimentaba de la luz solar, miraba fijamente el sol durante varios minutos al día. ¡Cágate, lorito! De juzgado de guardia. Eso ya no era una simple engañifa, sino fraude y un atentado contra el más elemental sentido común. Sería incluso motivo de chanza si no fuera porque algún alma cándida pueda tragarse esas memeces y seguirlas al pie de la letra, con las catastróficas consecuencias que podrían acarrear, tanto para la salud física como para la mental.

Recuerdo, para más inri, que poco después de tamaña barbaridad a Gaspar Hernandez le concedieron un premio literario. Bueno, en realidad eso tampoco supone un gran mérito en este país, en el que tan pocos escriben en catalán: ayuda muy mucho trabajar en un medio de comunicación. Así nos luce el pelo.

Desde esa "famosa" entrevista han habido muchas más. Algunas meras chorradas de embaucadores de verbo fácil. Otras rozan el esperpento con absurdas teorías. La que ha motivado que por fin escriba un post sobre el tema: el tapping (no, no es irse de tapeo), "técnica que acaba con bloqueos emocionales con golpecitos de los dedos". Sin comentarios.

En fin, todos conocemos el significado de términos como sugestión y placebo. Jetas, mercachifles y vendedores de humo han existido siempre. De ahí el boom de los libros de autoayuda, los rollos new age, etc. Lo lamentable es que se les dé cancha en un medio de comunicación, como decía antes, presuntamente serio. La razón está clara: porque estas pamemas venden. Les importa un pepino que sean más falsas que un duro sevillano.

Ya, posiblemente soy un intransigente, y es del todo cierto que soy un incrédulo. Pero la lista de los que me quieren tomar el pelo empieza a ser tan larga que, lo siento, me pongo de mala leche.

(Banda sonora: Heysátan - Sigur Rós)