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Autocrítica

Solo soy un gilipollas con una opinión.
Robert Downey Jr., actor

Tal vez alguien haya pensado en alguna ocasión quién soy yo para despotricar y cargar las tintas contra ciertas situaciones, organizaciones y personas como hago de vez en cuando en este blog. Ciertamente no me asiste ninguna autoridad moral ni superioridad ética alguna para hacerlo. Simplemente, exploto contra aquello y aquellos que no me gustan por su actitud y comportamiento, cuyas consecuencias otros -entre ellos, a veces yo- debemos sufrir.

En reciprocidad, entiendo que puede haber a quienes también les disguste mi actitud, mi comportamiento y mis opiniones (no será ni la primera ni la última vez que tal sucede). Es posible que por pereza o por vergüenza no se atrevan a cantarme las cuarenta. Así que si nadie se decide a empezar, lo haré yo mismo: soy una persona egoísta, huraña, de empatía limitada, vaga, solitaria, con accesos de mal genio, en ocasiones intolerante, de escasa paciencia y talento aún más limitado. En fin, no soy lo que se suele considerar una compañía recomendable, entraría más bien en la categoría de mal ejemplo. Eso por no hacer mención de mi fealdad, de lo que soy víctima involuntaria por culpa de la genética: otro apunte más en mi debe.

Sí, lo fácil sería cantar mis virtudes, pero soy humilde y, como no me gusta mentir, lo cierto es que hay poquito que glosar. Para hacerse autobombo y vender humo ya hay otros, auténticos maestros. A mí esos paripés no me van. Igual que critico, debo aceptar que se me critique. Si lo que me he dicho, saliera de la boca o la pluma de otros, normalmente se tomaría mal, incluso como insulto. No nos engañemos, la verdad nunca debería ofender.

Se ha abierto la veda.

(Para algunos, en el curro, yo soy como Clint, pero sin uniforme y galones)

(Banda sonora: Te favorece tanto estar callada - Niños Mutantes)