Seguimos con más preguntas y muy pocas respuestas. Reflexiones un tanto irreflexivas de unos sujetos evidentemente poco reflexivos. Porque cuando todos piensan igual, nadie piensa.
Podemos rompernos los cascos pensando en cómo promocionar la lectura frente al alud multimedia y el vocabulario sms. Para los que tenemos niños no es una cuestión baladí. Tenemos un problema de enseñanza. Hay que adecuar las lecturas a los niños, no obligarles a leer pestiños -por muy clásicos que sean- para que aborrezcan los libros por querer cazar moscas a cañonazos.
Algo falla cuando a partir de los 14 años muchos críos empiezan a desengancharse de los libros. Algo falla cuando muchos críos no entienden lo que están leyendo, no son capaces de explicarlo ni razonarlo: entonces, ¿cómo van a aprobar? Estar escolarizado no es incompatible con ser un analfabeto funcional, en parte debido a lo dicho en la frase anterior.
Como yo nunca tengo respuestas, o las que tengo son muy mías, poco aplicables a los demás, sugiero la lectura del artículo de Emili Teixidor: "Estrategias del deseo o trucos para leer".
Ojalá le sirva a alguien.
(Banda sonora: De momento abril - La Bien Querida)
Todos sabemos que la misión del márquetin y la publicidad es vender, generar necesidades -reales o no- que necesitan satisfacerse, y crear nuevos consumidores. Los expertos en la materia codician el mercado infantil, los futuros consumidores. El problema es cuando los padres, conscientemente o no, caemos en esa trampa y les seguimos el juego.
Así, ya existe la figura del "niño consumidor", críos entre 7 y 10 años que tienen muy clarito que productos, como ropa y móviles, quieren comprar. Y, encima, les gusta ir de tiendas. La pregunta, como acertadamente se hizo James McNeal, experto en consumo infantil, es ¿cómo es posible que niños de 6 y 7 años no solo tengan dinero, sino además lo estén gastando? Los culpables son evidentes: los padres.
Sí, puede que el mercado nos ponga la zanahoria delante de las narices. Pero quién si no los padres facilitan el dinero y, llegado el caso, incitan o toleran ese comportamiento en sus hijos. Es más, al menos en los EE.UU. es una tendencia consolidada: son los padres quienes animan a sus hijos a comprar. Según ellos, comprar es tener independencia. Ser independiente es ser maduro. Y los padres estadounidenses quieren hijos maduros. No deja de parecerme curioso que mientras queremos adultizar a nuestros hijos, muchos adultos padezcan del síndrome de Peter Pan, quieran parecer siempre jóvenes, comportarse casi como adolescentes.
Es un tema de concepto. Para mí madurez equivale a responsabilidad. A un niño no se le puede exigir la misma responsabilidad que a un adulto. Mucho menos que se comporte como un adulto, o que reproduzca los mismos clichés y errores que los padres, en este caso, el consumismo desaforado. ¿Ser maduro es gastar irresponsablemente? Porque anhelar unas bambas de marca tal, o una camiseta de marca cual, ¿es consumo responsable?
Puedo entender que Alba quiera unas zapatillas en las que salgan unas princesas de Disney, porque le gustan, o David otras en las que esté el dibujo de Spiderman, pero no comprendería que se emperraran en que les comprara unas Converse, unas Nike, Adidas, etc. Por supuesto, al final se comprará lo que digan sus padres, aunque se tenga en cuenta su opinión y sus gustos, pero todo ello dentro de la normalidad. El día que David me pida unos calzoncillos de Calvin Klein se me caerá el alma al suelo.
Pero si los propios padres son fanáticos de las marcas, asumen que consumir determinadas marcas implican ciertos valores o te invisten con determinadas cualidades, apañados vamos. Nuestros hijos son pequeñas fotocopias de nosotros mismos. Y no siempre se refleja en ellos lo mejor de nosotros.
Consumo, luego existo. ¿Se supone que esto es la evolución?
David fue a unas cavas. Allí les enseñaron el proceso de la vendimia, cómo se hace el vino, etc. De ahí cierto interés por conocer el origen de algunas cosas. Por ello, en la cena, mientras degustaba (es un decir, porque las cenas son escaramuzas infantiles) el pescado, se produce la siguiente conversación:
- ¿De dónde se saca el pescado? (David) - De los peces. (Alba)
Ahí queda eso. Y luego dicen que no se aprende nada en el colegio.
El cuento de la Bella Durmiente explicado por una niña de tres años. Real, sí, y no, no fue mi hija:
"La Bella Durmiente era una niña que quería un príncipe. El príncipe quería a una niña. Pero como la Bella Durmiente dormía mucho, el príncipe se casó con otra niña. Y cuando la Bella Durmiente se despertó ya no tenía príncipe. Fin."
(Banda sonora: Enero en la playa - Facto Delafé y Las Flores Azules)
Uno de los problemas de nuestra sociedad es la baja catadura moral de la mayoría de los políticos (porque con los que roban están todos aquellos que miran hacia otro lado) y aún más escasa categoría intelectual. Es por ello que se rodean de asesores y expertos, aparentemente más conocedores de ciertos temas que sus patrocinadores, pero tan fuera de la realidad como los políticos en muchas ocasiones.
Ahí tenemos al Consell Escolar de Catalunya. Pidieron que se cambiara la denominación de las fiestas de Navidad y Semana Santa por fiestas de invierno y de primavera. Pues vale. Cambiando el nombre cambiamos la realidad, ¿no? Dejando de lado la presunta defensa del laicismo y blablablá de esa propuesta, demuestra que los "expertos" viven a años-luz de los problemas reales de la enseñanza.
Hay cosas que jamás entenderé. Una, que se permita que haya niños que estudien en barracones, módulos prefabricados que parecen contenedores. Dos, que no haya calefacción o aire acondicionado en las escuelas. ¿No hay en todos los edificios públicos, en todas las empresas? Ya, un problema de dinero, como siempre. Sin embargo, no dudo que los miembros de ese Consell Escolar, en sus reuniones, se sientan en cómodas sillas, calentitos en invierno, y frescos en verano, con unos despachos de aúpa.
¿Por qué algunos de nuestros niños se merecen ser tratados casi como ganado durante 8 horas de lunes a viernes sin que se escandalicen los miembros de ese Consell Escolar?
No sé cuál debe ser ese país. Lo que sí sé es que no se trata del nuestro. Ojo al dato: “Al menos ocho de cada diez mujeres cree que ser madre condicionará su profesión y el 90% ve en riesgo su trabajo. La edad es determinante para las españolas a la hora de decidir ser madre, por encima de la economía, el trabajo y la gripe A.”
¿Cómo pretendemos ser un país avanzado, progresista, cuando las empresas, amparadas en la legislación actual, apenas dan facilidades para aquellas mujeres que quieren ser madres? ¿Cuántas mujeres son relegadas en su empresa, arrinconadas hasta verse obligadas a dejar el trabajo, cuando tienen la osadía de pedir una excedencia o una reducción de jornada? ¿Cómo es posible que en otros países europeos existen mayores ayudas estatales, tanto económicas como de tiempo de baja por maternidad?
Es cierto que algo se ha avanzado, pero cuando se parte casi de cero cuesta apreciar dichos avances. Dicho lo cual, parece ser que a pesar de los datos mencionados, tan sólo un 25 por ciento de mujeres aplazaría temporalmente el embarazo por su situación laboral.
Hace tiempo que asistimos a fin de la civilización ejpañola. A las pruebas me remito. Ahora, llamar “hijo de puta” a tu jefe no puede considerarse causa de despido. Por un lado, eso nos permitirá desahogarnos con total tranquilidad de conciencia llegado el caso. El tribunal, para justificar su decisión, señalaba que ese epíteto ya forma parte del acervo popular y se usa normalmente en las conversaciones.
Somos un país de malhablados. Un ejecutivo americano de televisión decía que allí no triunfaban las series españolas (donde no tienen que traducirse) porque se usan muchos tacos. No es extraño oír o usar en conversaciones expresiones como “menudo cabrón” o “vaya hijoputa”, de forma no sé si llamarla cariñosa pero sí coloquial, en un contexto coleguil o informal. Yo mismo las he empleado, obviamente sin la menor connotación peyorativa. Hemos pasado del “Prohibido escupir y la palabra soez” de nuestros abuelos y padres, al libertinaje verbal de hoy en día.
Doña Espe pretende investir a los profesores (públicos, ¿y los privados?) de la condición de autoridad. Quiere devolver el respeto a las aulas, acabar con el despiporre y el descontrol en el mundo de la educación por decreto. ¿Eso es tan fácil? Los coles son territorio comanche para muchos docentes. Hemos pasado de la dictadura de los profesores de tiempos de nuestros padres a la dictadura de los alumnos en la actualidad. ¿Tratar de usted a los profesores conllevará automáticamente el respeto a aquéllos, a recuperar la autoridad perdida? ¿Acabará con los problemas de indisciplina de los chavales? ¿Será la primera piedra para revertir los altos índices de fracaso escolar?
Menudo embrollo. Puedo llamar hidepu a mi jefe tranquilamente. Bonito ejemplo para los críos. “Usted es un hidepu, profe”, queda mejor, sí. Está bien querer mejorar las cosas desde la base, pero en este caso es un empeño condenado al fracaso. ¿De qué sirve intentar recuperar ciertas reglas de cortesía y respeto en la escuela, cuando fuera de ella están en completo desuso? Está muy bien que lo enseñen en el cole, pero si fuera del mismo todos hacen lo contrario, incluidos los padres, será como predicar en el desierto. Hay cosas que solo se aprenden, se interiorizan, desde el ejemplo que recibimos de nuestros mayores. Y la educación, los valores, se pueden enseñar desde la escuela, aunque si no se afirman y refuerzan desde casa, de poco van a servir a la larga.
Esto es como decir a los niños “haz lo que digo y no lo que hago”. O intentamos cambiar todos, re-aprendemos a respetarnos a nosotros mismos, a los demás y a nuestro entorno, ¿o cómo leches queremos que se porten nuestros hijos? Cualquier otra cosa suena más bien a un vano intento por intentar tranquilizar nuestras conciencias.
(Banda sonora: Elephants play football - Shake Before Use)
4.6 Recordamos que según se aprobó en el Consejo Escolar, los niños/las niñas no pueden llevar piercings, tatuajes, y determinados cortes de cabello, peinados y teñidos.
No me invento nada. Solo lo he traducido del catalán. Son normas para el primer nivel de Primaria.
Ahora me acabo de enterar que los críos de 6-7 años podrían llevar piercings y tatuajes. El mundo está peor de lo que me pensaba o ya soy un auténtico carca.
(Banda sonora: Lógico que salga mal - Manos de Topo)
Vernor Muñoz. Relator de la ONU sobre el derecho a la educación.
En este bello país catalán cada vez me pregunto con más insistencia a qué se dedican nuestros impuestos. No entiendo que otras CC.AA. den a sus ciudadanos servicios gratis que aquí tenemos que pagar. ¿No nos estarán engañando nuestros dilectos políticos?
Llegó la crisis a nuestras vidas. En primer lugar, el Departament d’Educació ante el aumento de 24.000 alumnos decide mantener el mismo número de profesores. Primer incumplimiento, pues aumenta la ratio profesor/alumno que admite como válida el propio Departament. Sí, cuando éramos niños había 40 críos por aula. Ya, pero el Departament se salta sus propias reglas en aras de ¿la austeridad? ¿Del propio interés presupuestario, que no educacional?
Ha empezado el curso escolar hace una semana. Imaginemos unos niños con necesidades especiales. Son completamente dependientes. No pueden valerse físicamente, van en silla de ruedas. Viajan en transporte adaptado. Por culpa de esa crisis alguien, en ese Departament, decide recortar el transporte a los niños. Consecuencia, justo antes de comenzar el curso se avisa a la escuela que dos niños no tienen plaza en autobús adaptado. Desde la escuela, incrédulos, se inquiere al funcionario de turno, ¿a quién dejamos en casa? El funcionario contesta que ése es problema de la escuela. ¡Toma ya! Yo te creo un grave problema, te dejo tirado y apáñate como puedas.
En fin, no sé si el mayor mérito del conseller Maragall para ocupar ese cargo es ser hermano del ex-president Maragall. Lo que sí sé es que no parece un buen gestor, ni siquiera alcanza la categoría de mediocre. Porque en tiempos de crisis, ¿acaso se dio la orden de reducir el transporte escolar y también de quitar el coche oficial al conseller y a otros altos cargos de su Departament? ¿O la crisis y el ahorro no debe afectar a nuestros queridos políticos, solo a los niños? ¿Esta es la política social de un gobierno que se dice de izquierdas y progresista? ¿Y es con esa política social con la que vendrán a pedirme el voto?
Porque, ¿el Departament no está conculcando el derecho a la educación a dos niños, paralíticos cerebrales, al negarles la asistencia para acudir al colegio? ¿No los está discriminando respecto a sus compañeros? Es más, ¿no deberían los inspectores de Educación denunciar al propio Departament por sabotear la escolarización de esos críos? ¿Acaso tendremos que denunciar el caso ante el Defensor del Menor de Madrid (vease el caso "Belén Esteban") para que alguien defienda los intereses de esos menores?
¿Pero no habíamos quedado, según Zapatero, que no se iba a recortar el gasto social para que los más débiles fueran los grandes perjudicados de la crisis? ¿O es el presidente y sus ayudantes unos prestidigitadores a los que ya les hemos visto el truco? En palabras de Claudio Magris, escritor italiano premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004, el presidente "es un político 'pop', más pendiente de ofrecer una imagen agradable que de responder a un ideario". Y lo remata señalando que Zapatero, Berlusconi, e incluso Sarkozy, "dan la impresión de que copian estrategias de mercadotecnia sacadas de esos programas de televisión donde lo único que importa es la supervivencia aquí y ahora". Bonita radiografía de la clase política española.
Visca Catalunya lliure. Sí, libre, de impresentables como Maragall y demás oportunistas, correvedeiles e incompetentes. ¿Independencia? Sí, ojalá pudiéramos independizarnos de esta pandilla de inútiles.
Mientras tanto, dos niños siguen sin su transporte escolar.
(Banda sonora: So Tomorrow - Official Secrets Act)
Si hay un consejo que yo puedo dar es el siguiente: yo soy un ejemplo de lo que no debe hacerse en la vida. Porque soy en especialista en caerme, en cagarla, en avanzar hacia ninguna parte. Sin embargo, en contadas ocasiones, descubro a alguien todavía peor que yo, lo cual no es fácil.
Una compañera, hoy felizmente jubilada, me explicó un día los celos de su marido hacia sus hijos. Si le compraba una camisa al chico, él también quería una. Era algo que rozaba lo patológico. Eso, o es que era un gilipollas de primera. Como era de preveer, ella se separó de esa joya del género masculino. Cuando me lo contaba me hacía cruces. No lo entendía. ¿Qué desórdenes mentales, qué falta de personalidad y autoestima, qué nivel de descerebramiento puede llevar a nadie a sentir envidia de sus hijos?
A mí me encanta que mis hijos sean guapos, que tengan un buen fondo. Me enorgullezco de ellos. Les deseo lo mejor, como hace cualquier padre mínimamente normal. Ojalá les vaya bien en la vida y sean felices. Qué más quisiera yo que triunfen en todo lo que se propongan. Espero y deseo que sean más buenos, más listos, más inteligentes y mejores personas que yo. Eso es lo que a mí me haría realmente feliz.
Por mi parte, les he puesto el listón por los suelos. Así que supongo que no les costará mucho dejarme a la altura del betún.
(Banda sonora: Nunca estás a la altura - Klaus & Kinski)
Todo lo que tiene que ver con mis niños me preocupa. He salido padre sufridor. A finales del curso pasado me enteré por una madre que había un par de hooligans de 3 años que se dedicaban a perseguir a sus compañeros durante el recreo. Una de las presuntas víctimas era David. Él, que solo se pelea con su hermana. Como en P-3 los marcan más, las señoritas consiguieron aplacar los ánimos violentos de aquellos brutos.
Tampoco debería extrañarnos que algo así pase. Cualquiera que frecuente un parque infantil encontraré a uno o varios de esos especímenes. Tirarán piedrecitas, empujarán a otros críos y los molestarán, mientras sus padres -si es que están allí, porque muchos están a cientos de metros de distancia- pasan olímpicamente de las barrabasadas de sus infantes. Son niños, deja que hagan lo que quieran, no sea que se traumaticen. En fin... Los resultados del Informe PISA y demás comienzan ahí. Así que mientras los tuyos no se vean en el fregado tienes que hacer como que no pasa nada.
Parece ser que en P-4 no sé si aquellos pillastre u otros, habían cogido gusto a cascar a otros críos. Como siempre, me entero por la madre de un amigo de David. Él es como yo (y como su hermana, solo se me parecen en lo malo). Cuenta poco y solo lo que le interesa, aunque poco a poco va soltándose y le arranco más información de lo que pasa en el cole. Según la versión de su amigo, que hay que tomar con la prevención propia de las declaraciones de un niño de 4 años, decidieron contraatacar. David agarraba al "malo" y su amigo le zurraba.
Teniendo en cuenta lo que le gusta fabular al chaval, como esa semana en la que le dio por decir que todos los días era su cumple (y solo faltaban 6 meses para el evento), no puedo tomármelo muy en serio. Además, viendo lo tirillas que es David me cuesta imaginar cómo puede inmovilizar a otro crío. Y que su compadre también arrée pues, en fin... Su madre le decía que no hay que pegar. Él le respondía con inocencia infantil: "solo pegamos a los malos". Eso me tranquiliza.
La culpa sería mía, por la afición de David a Spiderman. Ya descubrirá que no es un superhéroe. Mientras tanto, los dos coleguillas ejercen de justicieros a ratos libres... o eso dicen. David, mientras tanto, ni confirma ni desmiente.
(Banda sonora: Y además es imposible - Los Planetas)
¿Preocupados por los regalos navideños? ¿Quieres ya encaminar los pasos profesionales de tu prole? Si crees que lo peor todavía está por llegar, que sin enchufes ni décimos premiados de primitiva o lotería no hay nada que hacer, convencido que de nada sirve tener cuatro carreras y hablar cinco idiomas salvo para ser mileurista y eso estará por ver cuando los niños sean mayores. Papá, mamá, hemos encontrado el juguete ideal para tus hijos: el "playmobil chorizo".
Tan profesional como lo pueda ser cualquier político, es la profesión de futuro, sin lugar a dudas. Roba a los ricos, ya que ellos siempre ganan y encima el seguro les repondrá lo perdido. Unidades limitadas. ¡Vamos, que me los quitan de las manos!
Proximamente, el "playmobil banquero", para futuros ladrones de altos vuelos.
Yo soy de la generación de Heidi, Vickie el vikingo, La abeja Maya... Ahora me va Vexille y Ghost in the Shell. Así que cuando Alba me dijo "quiero ser una princesa sirena" me quedé estupefacto durante unos cuantos segundos.
No me quedó otra que ver los dibujos de Pichi Pichi Pitch (Mermaid Melody). Al principio no entendía nada (la maldita neurona se me desconecta con los dibujos infantiles actuales). Tampoco hay mucha historia: unas princesas sirenas enfrentadas a unas malas, y cuyas diferencias se resuelven mediante canciones, aderezado todo ellos con las pulsiones románticas propias de jovencitas preadolescentes. ¿Preadolescentes? Alba tiene 5 años, sí. Todo es muy inocente, afortunadamente. Para que os hagáis una idea, esto es lo que más le gusta.
Como los dan en Clan TVE tampoco creía que fuera nada del otro jueves. Un día baja la vecinita, también de 5 años, y en cuanto oyen la intro dejan sus planes de jugar y se apoltronan para ver los dibujos. Otro día viene la ahijada, de 9, y también es fan de las Pichis. En su clase, varias crías juegan a las pichis. Para más inri, en una clasificación semanal de El Periódico sobre videos más vistos en youtube en España ¡salía uno de las Pichi Pichi Pitch! Lo flipo. Un fenómeno televisivo para niñas, vamos.
Ahora no hay mejor chantaje que advertirla de dejarle sin los dichosos dibujos. ¡Vaya drama cuando la amenazo con eso! ¿Cuándo llegará el día que nos gusten los mismos dibujos? Ya, nunca. Siempre llevo las de perder. Tal vez sea mejor que no les gusten mis dibujos cyberpunk, sucios y descreídos.
Además, no controlo todo lo que aprenden por ahí: ahora les ha dado por cantar el estribillo de Ella elle l'a. En fin, bien pensado, es mejor para ellos su "¡Lluvia de amor!" que mi lluvia radiactiva cyberpunk, ¿no?
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