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Pecholobo

Qué bonito resulta viajar en metro. Como un safari. Urbano. Volvía del trabajo, en pleno invierno, y un señor iba descamisado. Si se desabotonaba otro botón ya se le vería el ombligo, vamos. Una visión espantosa, puedo dar fe. Incluso espeluznante. Y en invierno. La ventaja que tiene ser miope consiste en quitarte las gafas y automáticamente difuminar la realidad. Aunque tampoco es eso, ¿no?

Resulta admirable su falta de vergüenza. Yo no podría. Soy demasiado pudoroso -y consciente de mi deplorable aspecto- para exhibir mis carnes fuera de lo que es una playa, territorio donde esos errores de la naturaleza pueden mostrarse libremente y sin demasiado cargo de conciencia (o mi terraza). Pero todo tiene un límite, creo yo. Tal vez estuviera muy orgulloso de sus lorzas, lo cual resulta todavía más loable, ¿pero es necesario compartirlas con los demás? Sí, en una chica posiblemente no me escandalizaría tanto (es un decir, por supuesto), si bien es cierto que en verano a más de una también deberían prohibirle vestir un top.

Soy un intolerante. ¿Acaso solo los guapos y las guapas tienen derecho a lucir sus cuerpos serranos? ¿Los feos no podemos reivindicar nuestras anatomías? En realidad tendría que admirar esa falta de complejos, no sé si por estar a gusto consigo mismo o por simple pasotismo. Y no, no se trata de no aceptarse tal cual es uno, sino -precisamente- de aceptar sus condicionantes.

Visto lo visto, le recomendaría al amigo pecholobo para el próximo Carnaval disfraces de legionario, gladiador, hombre-lobo, es decir, acordes con sus pectorales. Uno tiene que aprender a sacarse el máximo partido.

(Banda sonora: Darkest Dreaming - David Sylvian)

Life on Barcelona

A veces veo muertos. Uy, no, me he equivocado de pinícula. Quiero decir, a veces tengo visiones. Me pasa sobre todo en el metro.

La primera vez vi a un chaval con un peinado a lo new romantic. Como Spandau Ballet, vamos. Luego a un hombre con una típica americana ochentera. Estaba de espaldas, pero las hombreras le delataban (y el estampado no te digo). Lo preocupante, sin embargo, es la última visión. ¡Un hombre con un walkman! En la era del mp3. Increíble. A un metro de mí. No sé si utilizaba el cassette (toma antigualla) o escuchaba la radio. Y todo en el metro, sí.

¿Vivo aquí y ahora, o me he dado una ostia y he vuelto sin saberlo a los 80? Sí, porque ya puestos a volver atrás, como en "Life on Mars" (la versión de Antena 3 no me interesa), yo elijo los 80. Nada de los 70, acabáramos. A disfrutar otra vez de los 80 con lo que sé ahora. Miedo me da.

En la bajada del metro una chica (bueno, en la tele dicen que eres joven hasta los 39), lleva una camiseta. Pone "Acid House" en letras gigantes, sin el logo típico, eso sí.

Si no he vuelto a los 80 me falta el canto de un duro.

(Banda sonora: One Better Day - Madness)