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Nosotros, los ogros

Este domingo pasado por la tarde hicieron "Shrek 2" en la tele. No es muy infantil que digamos, pero probamos a ver si colaba con los críos. Descubrí que soy pariente del ogro verde. Sí, en la secuencia en la que él y Fiona llegan en carruaje al palacio de los padres de ella, la multitud les aclama esperando encontrarse con la apuesta pareja. Sin embargo, todos enmudecen cuando salen y les ven, tal como son.

Es la pega que tenemos los ogros. Nuestra jeta circunspecta, la mirada entre ceñuda y torva, el aspecto descuidado (que no casual), el verbo seco y agrio, las maneras bruscas. No, nosotros no entramos por los ojos... ni por ningún otro lado, prácticamente. Ser así, comportarnos de esa forma, tal vez sea consustancial a nuestra identidad de ogros. O tal vez también sea, en parte, como arma defensiva para protegernos de la "gente normal". Por eso acabamos viviendo un poco aparte de los demás (¿o son los demás los que se apartan de nosotros?).

Los ogros nunca tuvimos buena prensa. Bien es cierto que, como acabo de decir, ni nuestra facha ni nuestra actitud nos ayudan a ser los más populares, precisamente. Al final te acostumbras a esas miradas desconfiadas de soslayo, a esos segundos de silencio expectante esperando para ver qué saldrá de nuestra bocaza. Te acostumbras, y te aceptas como eres, porque no te queda otra. Al igual que en la peli, nosotros no estamos dispuestos a cambiar. Nadie dijo que fuéramos listos.

No importa. Quiero decir, lo que pensamos los ogros. Y es una lástima. No somos tan malos en el fondo (bueeeno, muy en el fondo). Lo que pasa es que no se nos conoce bien. A veces, hasta las apariencias engañan.

(Banda sonora: No vaig triar - Lax'n'Busto)