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Melancolía

A veces oyes una canción y recuerdas. A veces ves una película y te vienen a la mente situaciones, vivencias. Lo ideal serían recordatorios tipo gritisjits, claro, aunque los tiros no van por ahí. Y te ves reflejado por la letra, o por uno o varios personajes que van dando bandazos sin dirección definida (bueno, hacia el desastre). Me cago en la empatía y en quien la fundó. Lo peor es que me da por pensar, incluso reflexionar. Eso es malo, muy malo. Para mí, se entiende. Procuro no pensar habitualmente, porque al final me daría de cabezazos contra la pared. Por eso mantengo una actividad cerebral ligeramente por encima del encefalograma plano.

Ya me disperso. Eso es buena señal. Empiezo a dejar de pensar. Os lo aseguro: pensar es malo. Recordar, peor. El tópico de que tiempos pasados siempre fueron mejores ha hecho mucho daño, sitúa a nuestra juventú en un altar lejano e inalcanzable, mítico, en el que cuesta distinguir realidad de sueños y quimeras. Lo auténticamente cierto es que cualquier tiempo pasado no volverá y recrearlo en nuestra mente es una mísera pérdida de tiempo. Total, es como una peli que has visto cientos de veces y cuyos diálogos eres capaz de repetir con la boca cerrada. ¿Qué emoción hay en eso?

¿Dije que pensar es perjudicial para la salud? ¿Dónde habré dejado las pastillas, rediez? Sí, lo es, porque te hace replantearte las cosas, dudar, tener inquietudes, asumir tus errores. En definitiva, asumir lo mindundi y piltrafilla que puedo llegar a ser. Cuando uno se cae tantas veces al final le acaba doliendo la cabeza. Los golpes, ya se sabe.

De qué estaba hablando... Zzzzzzzzzzzzz.

(Banda sonora: Let's Dance To Joy Division - The Wombats)