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Me estáis estresando

He salido padre sufridor, por desgracia. Eso tiene sus consecuencias, no positivas precisamente. El otro día fue la reunión de inicio de curso de Alba, que inicia primero de Primaria. Empecé medio durmiéndome (no dormí bien la noche anterior gracias a su hermano), con el rollo de la presentación "institucional" del cole.

La segunda parte, genérica del curso, me deprimió. Hablaron de la existencia de 8 tipos de inteligencias o capacidades. Tras hacerme una rápida evaluación mental, llegué a la conclusión de que difícilmente llego al suficiente. La culpa, entre otras, la tiene la dichosa inteligencia emocional, porque con un cero me baja la media de mala manera. La buena noticia fue que al no ser la inteligencia algo hereditario mis hijos tienen salvación y no tienen porqué ser tan zoquetes como su padre. Algo es algo.

En la tercera me remataron. Era la específica de la clase. Hay que dar más autonomía personal a los churumbeles. Rediós, de aquí a la independencia y/o a un referéndum familiar hay un paso. Empiezan los deberes. Lunes, mates. Miércoles, lengua. Viernes, lectura. Llegan las evaluaciones. Joé, ¿yo hacía todo esto con 6 años? La verdad, ni me acuerdo... ni quiero recordarlo aunque pudiera. La cartera con ruedas no vale, protocolos para la gripe A, etc., etc., etc. Todo ello aderezado con los comentarios por lo bajinis de las madres quejadantes de siempre. Qué peligro tienen algunas madres, que son mayoría además en estos eventos.

Vamos, que salí de la reunión medio grogui. Estresado ante todo lo que se me avecina. Lo curioso es que Alba seguro que se lo toma mejor que yo.

Qué bonita es la inocencia.

(Banda sonora: Reconstrucción - Deluxe)

Cuando los ricos se disfrazan de pobres

Según un informe de la GHESTA, asociación de técnicos tributarios de Hacienda, los empresarios españoles declaran una renta recibida entre 5.646 y 6.346 euros menos que los asalariados. España es el único país del mundo donde los empresarios y profesionales liberales declaran en el IRPF menos que sus trabajadores.

Quiero dar públicas gracias a este Gobierno, y a todos los anteriores, por permitir y tolerar, debido a su inacción, el fraude fiscal. ¿Tienen algún interés en no verlo? Los ricos juegan y ganan. Los pobres, a pagar, incluidas las becas de los hijos de los ricos, por ejemplo. ¿Qué significa solidaridad fiscal?

¿Pasará algo? Nada, aparte de mi cabreo al poner por escrito algo que es vox pópuli de siempre, ni siquiera los datos llevan a las autoridades competentes a poner coto. Vaya país...

¿Y luego nos extrañamos de que quienes llevan a la ruina a miles de trabajadores estén tan tranquilamente en sus mansiones con sus indemnizaciones multimillonarias? Somos un borregos.

P.D.: Al menos, algunos no se esconden.

(Banda sonora: Tanto rollo con el infierno... - Deluxe)

Los ¿valores? de la Fórmula 1

En una promo de Telecirco lo decían bien clarito: "Velocidad, tecnología, riesgo y glamur". Joé, es que hoy en día a cualquier chuminez se la califica de "valor". Eso nos pasa por dejar que sean la publicidad y el márquetin las que marquen las nuevas reglas que deben regir nuestras vidas.

¿Velocidad? Hace 20 años (y algunos menos) cuando quemaba adrenalina encima de la moto, pues bueno, pero ya me he dado cuenta de que hacer el animal con un vehículo de motor es propio de imbéciles. Supongo que se referirá al valor de los pilotos de la fórmula 1 al conducir a toda castaña esos bólidos. Tal vez al valor de sus cuentas corrientes, no sé.

¿Tecnología? Aceptamos pulpo como animal de compañía. Es obvio que gracias a la tecnología se han producido grandes avances en nuestra calidad de vida. Sí, también con efectos secundarios, pero -como dijo el gran filósofo- no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Gracias, maestro.

¿Riesgo? Podría repetir lo mismo que para velocidad, excepto lo de las cuentas corrientes siempre y cuando no jueguen ahora en bolsa. El riesgo puede ser un valor televisivo propio del espectáculo que genera audiencias, y por tanto ingresos publicitarios.

¿Glamur? No soy objetivo en su apreciación, pues soy la persona más antiglamurosa que existe. ¿El glamur de las top models anoréxicas? ¿De los actores y músicos endiosados, que no tocan con los pies en la tierra? ¿El de los afortunados que tienen demasiado, muchísimo más de lo que necesitan, y no valoran casi nada?

Prefiero los valores de mi padre, por ejemplo, un tipo asquerosamente honrado, parecido al James Stewart de las pelis del Oeste. Claro que, ¿es necesaria tanta honradez, papá? Bueno y bobo empiezan por b, y yo soy más bien de lo segundo. O los valores de mi cuñado, quien utilizó el año pasado sus vacaciones para operar en Bolivia. Este año va a volver allí a operar gratis. Pero claro, la gente normal no vende. Somos vulgares. Carecemos de glamur.

Me cago en la publicidad. ¡Abajo las mentiras!


(Banda sonora: El juego de la verdad - Deluxe)