Mentes en blanco

Enclaustrado como estaba (es una figura retórica), alejado del mundanal ruido (pero no del griterío de mis pequeninjas), mi información del mundo mundial se reducía a los fogonazos de los titulares de prensa y TV. Además, sospecho que empiezo a padecer un grave problema de déficit de atención, pero ésa es otra historia. Uno de esas noticias a vuelapluma me espeluznó: la actividad cerebral disminuye tras quince días de vacaciones. Cosas del relax, supongo.

Los cerebros del asunto, ejem, hicieron unos test a unos turistas. Tras su vuelta del asueto sus resultados en los tests fueron peores a los de antes de partir. El tema es grave. En mi caso, mi actividad mental apenas supera el encefalograma plano. Si se reduce todavía más puedo convertirme en un vegetal (si es que no lo soy ya).

He estado discutiendo el asunto con mi neurona, la única operativa, quiero decir. Hemos encontrado la solución: en vez de irnos quince días nos iremos de farra solo catorce. El estudio hablaba clara y específicamente de quince días.

Uf, después de tanto pensar empieza a dolerme la cabeza.

(Banda sonora: Sugar And Spice - Madness)

Damas de compañía

Una anormalidad cien vistas por la tele se convierte en algo normal, algo que ni nos cuestionamos. Vimos la semana pasada la reunión del G-8 y las otras que se celebraron al calor de la principal. Todos hombres menos Angela Merkel, la alemana. Lo anormal elevado a la categoría de habitual.

Pero lo peor es cuando ofrecen la alegre noticia de las excursiones de las esposas de los mandatarios. ¿Por qué no participó en las mismas el marido de la Merkel? ¿Tiene "vida propia" o le daba vergüenza? ¿Por qué las mujeres de los presidentes tienen que acompañarlos a estos eventos? ¿No tienen su propio trabajo o su "trabajo" consiste en ejercer de primera dama, lo cual, la verdad, es un paripé? ¿Por qué cuando hacemos un viaje por motivos profesionales no llevamos a nuestra pareja y los presidentes sí?

En fin, yo ya he dicho que no creo en cuotas. Es decir, si para cinco puestos los candidatos más adecuados son mujeres, pues todo mujeres. Y al revés. Eso de los cincuenta por ciento son memeces propias de lo políticamente correcto. Claro que, por desgracia, parece que las cuotas son necesarias para evitar que la (mala) costumbre siga discriminando a la mujer.

Lo triste es que habiendo tantísimas mujeres profesionales y competentes se acabe primando a alguna "miembra planetaria" que parece no saber hacer la o con un canuto (dentro vídeo):
(P.I.B.: Producto Interior Bruto, el)

(Banda sonora: Love Etc. - Pet Shop Boys)

¿Me están llamando viejuno?




Creo que me lo están llamando en toda la cara. ¿Pero no habíamos quedado que hasta los 39 se es joven? Con esta progresión, calculo que en una década hasta los 45 seremos jóvenes. O mejor no, porque a este paso igual no dejan que nos jubilemos.

Ya me gustaría que estos creativos se dedicaran a poner exámenes tipo test. Concretamente los que me ha tocado realizar hacia bien poco. Cualquiera, con un dedo de frente, hubiera acertado al menos dos de las tres. Así daría gusto examinarse.

Pero no voy a picar. Me han tocado la fibra sensible, por eso pasaré de tomar sus antioxidantes y demás sucedáneos. Prefiero hacerme viejuno.

(Banda sonora: Eternamente inocente - Fangoria)

Rompiendo las olas

Ir a currar es un palo. Sobre todo por las banderolas publicitarias que acechan, cual buitres desinformativos, en torno al trabajo. El primero, en inglés, dice algo de superar un record de spinning (Barcelona Spinning World Record o como se escriba, porque desde que lo vi la primera vez me niego a alzar la vista para contemplarlo de nuevo). El segundo, municipal, es infinitamente peor. Anuncia que hoy pasa el Tour de Francia por Barcelona y que asistamos para hacer la ola amarilla. Tócate los güev...

En fin, de qué me sorprendo. Es una magnífica definición de cómo se entiende actualmente la política. Pan y circo. Fuegos artificiales. Bonitas declaraciones. Enmarañar, engatusar, adormecer, manipular. Todo con el único fin de perpetuarse en el poder. Los problemas no son sus problemas porque ellos tienen la vida perfectamente solucionada. Y, como han descubierto que somos unos gilipollas de tomo y lomo, que tragamos lo infumable y les seguimos votando, pues se divierten a nuestra costa colocándonos una zanahoria ante nuestras narices para que, además, saltemos y hagamos de figurantes en sus fotos.

Pues no. Yo no. Paso de hacer de maniquí municipal ni de claca ante el paso del Tour, que una buena fortuna habrá costado al Ayuntamiento de Barcelona. Claro, lo importante es salir en fotos, ser guays y cools, poner a Barcelona “en el mapa”. Me niego a hacer olas, batir palmas, reirles las gracias a quienes, en mi modesto entender y tal como decía antes, no cumplen debidamente con sus obligaciones con sus ciudadanos. Puede que para ellos no seamos tales, sino simplemente siervos, contribuyentes o votantes.

Sacaron aquel eslogan electoral de “Hechos, no palabras”. ¿Se puede ser más hipócrita, más falso, más cínico? No me parece mal que pase el Tour por aquí. Lo que lamento es que se malgaste tanto dinero en chorradas, que las bonitas palabras casi nunca se transformen en acciones que redunden en beneficio de los demás y no solo de ellos. Claro, siempre será más fácil conseguir un récord mundial de hacer la ola que solucionar los problemas de inseguridad, precios desórbitados, vivienda innaccesible, suciedad, ruidos, etc. Total, de todos esos aspectos negativos Barcelona ya tiene récords.

Y encima no es una etapa de montaña, así que tampoco la veré por la tele. Que les den.

P.D.: Nos piden (o chantajean) usar el transporte público hoy porque está la ciudad tomada para uso y disfrute de una actividad particular como el Tour, y va Renfe y decide que hoy el Cercanías sea de un piso y no de dos para que viajemos como sardinas en lata. Manda güevos.

P.D.2: ¡A por ellos, Contador!

(Banda sonora: Tour de France - Kraftwerk)

El hombre cafre II

Tras la breve reflexión sobre mi carácter "peculiar", en la anterior entrega cafre, echo en falta haberlo comparado con el de dos médicos de la ficción televisiva: House y Vilches. Dos cabrones, cada uno en su estilo. Pero, ¿realmente son unos cabronazos o simplemente se lo parecen a los pacatos? ¿No será que la gente ya no está acostumbrada a la verdad descarnada? ¿Acaso nuestra civilizada preocupación por las formas nos impide dejar espacio al fondo, a la sustancia de las cosas?

Como siempre, doctores tiene la Iglesia. No negaré que se puede decir lo mismo con buenas palabras que de forma brusca y cortante, pero eso ya depende de la forma de ser de cada uno (y de su empatía). Dicho lo cual, mantengo que uno de los más graves problemas de muchas personas consiste en haber olvidado decir "no". Es sencillo, una sílaba: no. A la mierda la vergüenza. No. No. Repítelo. En unos pocos segundos te saldrá completamente natural.

Un no a tiempo ahorra muchos problemas. ¿Te tienes que sentir mal por decir la verdad, por negarte a hacer algo que no quieres? Claro que no. Ya, lo políticamente correcto es decir "sí". Muy bien, pues yo me paso por el forro lo políticamente correcto. Y si toca no, yo digo no. A quien le guste bien, y a quien no también. Evidentemente, eso supone un coste de imagen, sobre todo en el mundo laboral. Aunque hay un término medio: ni tienes porque ser como House (o como yo, en otro estilo), ni tampoco como Santa Teresa de Calcuta. Pero el no es innegociable.

Que no te engañen: no se trata de ser negativo. Nada más lejos de la realidad. Se trata de ser honesto, contigo y con los demás.

No. Y punto pelota.

(Banda sonora: Digues què faràs - Pirat's Sound Sistema)