(Di)versiones musicales (5)

By Whiskyn's:



O el remix de Linkin Park:


El original, aquí

(Banda sonora: Jo vull rock'n'roll - Casal Rock)

Por favor y gracias

Dos palabras mágicas (bueno, en realidad tres): siempre se lo digo a los pequeninjas. A veces me hacen caso, otras no, aunque esa historia no es la que hoy nos ocupa. Palabras mágicas y, sin embargo, están en desuso. Parece que no es cool ser educado, mostrar unas elementales reglas de cortesía y respeto por el prójimo.

Esto viene a colación porque en un capítulo de "Life", mi admirado Charlie Crews investigaba la muerte de un broker de derivados. Un tipo que gastaba dinero en efectivo a manos llenas con señoritas de compañía. Todas lo ensalzaban por su buena educación, prototipo de caballero, y una de ellas destacaba que era mister por favor y gracias. Ah, diría que algo falla en el sistema cuando lo que debería ser prueba de normalidad se convierte en hecho de excepción.

¿En qué punto nos hemos convertido en seres robotizados, en sujetos que queremos todo aquí-y-ahora, sin importarnos ni un pimiento lo demás? ¿A quién le toca cargar con la culpa de ello? ¿A nuestros padres, a nosotros -no escurramos el bulto-, al sistema educativo, a la tan de moda "crisis de valores", a...? En realidad, ¿importa? A mí, un comino. Ya, claro, que soy un cafre. Lo que debería importarnos es en comportarnos como personas, en nuestras relaciones con los demás porque -lo siento- yo ni voy a salvar el mundo ni mucho menos a cambiarlo.

En el metro, abarrotado para variar, un chico solicitó por favor que le abrieran las puertas porque estaba detrás, encajado, y no alcanzaba la salida. Alguien lo hizo. Él se despidió del vagón con un "muy amables" y "muchas gracias". ¿A que no es tan difícil?

Por cierto, el asesino era...

(Banda sonora: Every Little Earthquake - Little Boots)

El Príncipe Azul

Dos elementos distinguen al ser humano sobre el resto de animales: su propensión a tropezar n veces con la misma piedra y, ligado muchas veces a lo anterior, su capacidad para el autoengaño. Para los animales tales defectos supondrían la muerte; para nosotros, daños en la autoestima, arrastrarnos por el suelo y/o una vida más o menos desgraciada.

Ved si no la película "Pretty Woman" recientemente emitida, otra vez, por televisión. Total, qué son 13 veces en solo 15 años. Sí, debe ser duro el año que no toca su emisión. Pero esas pruebas que nos pone la vida, o los programadores de TV, ayudan a fortalecer nuestro carácter. Pues bien, cada vez que la echan, líder de audiencia. Cada vez tiene menos espectadores, eso sí, pero ningún otro programa resiste tan rosa competencia.

Yo soy un experto en titulares, quiero decir, que nado muy bien por la superficie y no me gusta meterme en profundidades. Cuando estaba liado, leí -el titular y pocas explicaciones más- de un artículo dominical. Venía a decir (el artículo por boca de los expertos) que muchos problemas de pareja nacían por la imagen idealizada de la vida en y de pareja que tenían, sobre todo las mujeres, debido a las películas de Hollywood. Sí, remarcaba que las pelis europeas eran, a ese respecto, más realistas en su visión de la pareja, en contraposición al rollo romántico y caramelizado yanqui.

Pues eso, que Richard Gere es un trasunto del príncipe azul metido a Pigmalion. En la ficción, por supuesto. Esas cosas no pasan de verdad, hacedme caso. Ya lo sabéis, chicas, así que mejor que no pidáis peras al olmo. Sí, ya, esto es como cuando descubres que los padres son los Reyes Magos. Al principio te cabreas, luego lo entiendes y lo ves como lo más normal del mundo.

Soñar un rato está bien. Lo que dura una película, por ejemplo.

(Banda sonora: Alright - Supergrass)

La insoportable necedad del ser

Que nadie se sienta ofendido: el necio al que me refiero soy yo. Con los años he ido descubriendo que todo lo que aprendí no me ha servido de mucho a la hora de la verdad. Todas las certezas de la juventud han acabado desvaneciéndose, dejándome inmerso en un mar de dudas. Sí, lo único que tengo realmente claro es que soy un ignorante de primera (además de algunas otras cosillas que no confesaré para no rebajarme todavía más).

Siempre supe que no era listo. Durante un tiempo me creí inteligente. También me equivocaba en eso, como descubriría en su momento. Vamos, que soy una joya (de plástico, por supuesto). Al menos ahora soy consciente de mis limitaciones. Sin embargo, eso no me impide seguir cagándola.

Hay quien lo tiene todo bastante claro. Algunos al menos siguen una línea. Yo avanzo a trompicones, en zigzag. Me gustaría tener más respuestas, aunque acabo coleccionando preguntas. No sé exactamente hacia dónde voy y mucho menos dónde llegaré, pero debo seguir en movimiento. ¿Será el baile de San Vito?

Próxima salida: desconocido...

(Banda sonora: Lloyd, I'm ready to be heartbroken - Camera Obscura)

Hijos de los hombres

Si hay un consejo que yo puedo dar es el siguiente: yo soy un ejemplo de lo que no debe hacerse en la vida. Porque soy en especialista en caerme, en cagarla, en avanzar hacia ninguna parte. Sin embargo, en contadas ocasiones, descubro a alguien todavía peor que yo, lo cual no es fácil.

Una compañera, hoy felizmente jubilada, me explicó un día los celos de su marido hacia sus hijos. Si le compraba una camisa al chico, él también quería una. Era algo que rozaba lo patológico. Eso, o es que era un gilipollas de primera. Como era de preveer, ella se separó de esa joya del género masculino. Cuando me lo contaba me hacía cruces. No lo entendía. ¿Qué desórdenes mentales, qué falta de personalidad y autoestima, qué nivel de descerebramiento puede llevar a nadie a sentir envidia de sus hijos?

A mí me encanta que mis hijos sean guapos, que tengan un buen fondo. Me enorgullezco de ellos. Les deseo lo mejor, como hace cualquier padre mínimamente normal. Ojalá les vaya bien en la vida y sean felices. Qué más quisiera yo que triunfen en todo lo que se propongan. Espero y deseo que sean más buenos, más listos, más inteligentes y mejores personas que yo. Eso es lo que a mí me haría realmente feliz.

Por mi parte, les he puesto el listón por los suelos. Así que supongo que no les costará mucho dejarme a la altura del betún.

(Banda sonora: Nunca estás a la altura - Klaus & Kinski)